Un lugar muy especial, donde miembros del Faro entran a los módulos relacionándose con los reclusos, intentando con la ayuda de Dios, transmitirles ánimo y esperanza. Sabemos que el estar en prisión no es por algo bueno que se halla hecho, si no, por algo que va en contra de la Justicia, pero a pesar de todo, siempre está la oportunidad de poder cambiar para bien, y ese el motivo de las visitas a la prisión, porque, “para Dios no hay nada imposible”.

El Faro abre sus  puertas a reclusos que, después de visitarlos durante un tiempo dentro de la prisión, solicitan cumplir sus permisos penitenciarios en un ambiente cristiano,  actuando como tutores.